Bitácora del Ordinario

Bitácora Ordinario – Danza Contemporánea
“Sobreviví, pero a qué costo”
¿Qué pasó?
Este ordinario se sintió como un pestañeo: todo ocurrió rapidísimo. Las correcciones fueron casi las mismas que en el parcial anterior, pero el tiempo para abordarlas fue mucho menor, lo que me hizo sentir que no terminé de consolidar lo aprendido.
Hubo mucho trabajo en pareja, y aunque soy sociable, hubo momentos en los que terminé trabajando sola. Esto influyó en mi proceso, ya que el trabajo en dúo ayuda muchísimo a reflejar, comparar y ajustar.
Sigo trabajando con la maestra Tania, enfocándome en el trabajo de piso lento y detallado, pero también estuvimos con la maestra Rosalía, con quien el ritmo fue más rápido, acrobático y energético: muchas rodadas, deslizamientos y saltos. Ambos enfoques fueron valiosos, pero el cambio de velocidad fue todo un reto.
Además, la duela levantada en el salón dificultó muchos movimientos de piso, lo que sumó un nuevo nivel de dificultad.
Con la maestra Geraldine, volvimos a trabajar lo que ya habíamos visto, pero esta vez pude notar detalles nuevos que antes no había identificado.
¿Qué sentí?
Sentí frustración por el poco tiempo. No porque no quisiera aprender, sino porque justo cuando sentía que empezaba a agarrar ritmo… ¡ya era el ordinario!
También sentí cierta soledad en los ejercicios de pareja. Aunque me gusta convivir, hubo momentos en los que no tenía con quién trabajar, y eso me afectó en mi motivación y en la ejecución de los ejercicios.
Hubo clases donde me sentía desconectada: si no prestaba atención al 100%, no entendía ni para dónde iba el cuerpo. Me pasa que si me distraigo aunque sea tantito, ya me perdí. Necesito ver con claridad por dónde se mueve el cuerpo para poder comprender la intención y replicarla.
Al enfrentar el estilo más físico y veloz con la maestra Rosalía, me sentí desafiada, pero no derrotada. Sí costó, pero no me rendí.
Y aunque los factores externos (como el estado de la duela) afectaron, traté de mantenerme positiva y adaptable.
¿Qué aprendí?
Aprendí que el tiempo no siempre está a nuestro favor, pero que puedo hacer lo mejor posible con lo que tengo.
También aprendí que mi atención plena es clave: si me distraigo, pierdo el hilo del cuerpo, la dirección, la intención. Necesito seguir trabajando mi capacidad de observación y enfoque.
Me di cuenta de que no siempre estaré acompañada en el proceso, y que eso no debe detenerme. Aunque me gusta trabajar con otras personas, también tengo que fortalecer mi autonomía como intérprete.
Comprendí que mi cuerpo necesita más tiempo para procesar, que avanzo mejor cuando vamos desglosando lento, paso a paso. Pero eso no significa que no pueda enfrentar la velocidad; solo que necesito prepararme mejor para esos momentos.
Y sobre todo, aprendí que no es necesario tener condiciones perfectas para crecer. Que aunque el piso no esté en su mejor estado, aunque el tiempo sea corto, aunque haya distracciones… yo sigo eligiendo dar lo mejor de mí y continuar en este camino que amo tanto.
“El arte no siempre es cómodo, pero siempre vale la pena.”
— Hannah Arana, aprendiz de alma libre, cuerpo en movimiento y corazón hatolover.


Deja un comentario